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Las notas, otra vez.

Recuerdo cuando di a conocer las otras notas. Recuerdo que era algo que llevaba tiempo haciendo, pero que, por circunstancias puntuales, con un puntito de rebeldía, con la intención de dar un golpe encima de la mesa, justo aquel día y en aquel momento, decidí publicar en redes sociales. Recuerdo la increíble y preciosa repercusión que tuvieron. Y que tienen aún, a día de hoy.
El hecho de que se hiciese viral lo tomé siempre como algo anecdótico, aunque bastante significativo, porque me hizo ver, en cuestión de pocos días, que había miles de personas que pensaban lo mismo, que sentían lo mismo y que estaban dispuestas a intentar cambiar, un poquito, el proceso de la evaluación, sobre todo con nuestros más pequeños. Fue muy reconfortante sentir algo tan grande, siempre agradeceré ese momento a todos y a todas los que lo hicieron posible.
Y precisamente por eso mismo, el hecho de que se hiciese viral nunca significó que se convirtiera en una moda pasajera. Todo lo contrario. El asunto es tan serio, que no va de modas, porque las modas, en educación, si no se manejan con prudencia, pueden ser peligrosas. Así que no, esto no va de modas, ni mucho menos, va de ideales, de necesidades, de responsabilidad, del compromiso férreo con nuestro alumnado por ofrecer siempre la mejor y más completa educación posible, va de muchas cosas que aún podemos mejorar en nuestro proceso de evaluación con el alumnado más pequeño.
Tan convencido estoy de esa necesidad, que en ello sigo, obsesionado siempre con encontrar la manera más justa de evaluar a niños y niñas, y siempre con la sensación de que se puede hacer más y mejor. Sigo creyendo en el potencial y utilidad de acciones como la de las otras notas, acciones, de cualquier tipo y manera, que cada docente entienda que se ajustan mejor a su clase, a su contexto, pero que remen en el mismo sentido, porque creo que es más necesario que nunca que, en el momento de la evaluación, seamos todos capaces de mirar más allá de las propias notas. Evaluar no es calificar, eso lo sabemos todos de sobra, aunque a veces, tristemente, todo se reduzca a eso. Hay más, mucho más. Y ese más lo es todo.
Una niña o un niño, durante un trimestre escolar, hacen muchísimas cosas, tantas cosas, y en tantos aspectos diferentes, que muchas se nos pueden escapar, y es normal. Realizan un gran esfuerzo, cientos de actividades, miles de acciones relacionadas con su vida escolar, y sobre todo, demuestran a diario habilidades y destrezas que seguro son magníficas, pero que, a lo mejor, no se ven reflejadas en el sistema de notas tal y como se sigue entendiendo a día de hoy, quedando todo este espectacular y maravilloso proceso resumido en una fría (y en ocasiones injusta) nota, que poca información aporta a la familia y que puede incluso llegar a convertirse en una peligrosa y dañina etiqueta que les acompañe durante muchos años de sus vidas.
Resumir todo ese inmenso proceso en una sola nota es, prácticamente, imposible.
Entonces, ¿ponemos notas? Si os soy sincero, y es mi opinión personal, ojalá que no. Pero claro que las tenemos que poner, lo primero porque el sistema así lo exige, no hay más. Pero también entiendo que, llegando a cierta edad (quizá los últimos cursos de Primaria) comience a ser necesario controlar con calificaciones la evolución académica del alumnado en las diferentes materias que cursan, para poder brindarle el apoyo y los recursos más ajustados a sus necesidades, y porque deben ir “entrenando” para una Educación Secundaria en la que sí que se van a encontrar con un sistema de notas con mucho más peso y repercusión en su futuro. Un entrenamiento que, aunque no me termina de convencer, me ayuda a consolarme, y entiendo que pueda ser útil.
Así pues (y aunque siempre hablo de Infantil y Primaria, esto lo entiendo importante a cualquier edad), considero sumamente importante valorar esas otras cosas, esas habilidades que pueden quedar en el olvido. A niñas y niños, poniendo de ejemplo las otras notas, al verlas reflejadas en un boletín, de manera más oficial, con el sello del cole, con la firma del profe, les genera un sentimiento positivo increíble, refuerzan su autoestima, ganan en confianza, se cargan de energía para afrontar el siguiente reto, el siguiente trimestre, el siguiente curso. Porque saben que en su boletín de notas no sólo aparecerán las calificaciones numéricas de cada materia, esas etiquetas que, en ocasiones, tanto daño pueden hacer, que podrían (deberían) tardar varios años más en llegar, sino que le serán valoradas sus mejores cualidades, tanto académicas como humanas y personales, ahí radica la gran importancia de este tipo de acciones en un proceso de evaluación.
Puede que esté pesado con lo de las etiquetas, que incluso exagere un poco. Quizá. Pero es que me duele en el alma, cuando docentes te hablan de algunos alumnos o alumnas, los etiqueten con calificaciones:
– “¿Qué tal Ramón?”.
– “Bueno, es un niño de 6…”.
Que quizá podamos decir algo más, ¿no? Porque quizá sea más que un 6.
Yo hablo de las otras notas porque es lo que hice y lo que hago, pero no son más que una de las muchas acciones (y no de las mejores, seguro) que tantos docentes están poniendo en práctica, acciones realmente significativas para su alumnado en lo que a la evaluación se refiere, dándole una vuelta de tuerca, pensando y repensando en hacer lo mejor para ellos y ellas. Es eso, simplemente. Y hay acciones realmente maravillosas que se están llevando a cabo.
Creo que se trata de algo coherente, sin más. Respetar el ritmo natural de la infancia, sin prisas, que no traen nada bueno, y también sin edulcorar, por supuesto. Los niños y las niñas, desde bien temprano en sus vidas, se esfuerzan, y mucho. Trabajan, estudian, leen, memorizan, aprenden a madrugar, a vivir con estrés, realizan infinidad de fichas y actividades, ambiciosos proyectos educativos, asumen la cultura del esfuerzo desde el nivel que le corresponde a cada edad, pero desde bien pequeños, por supuesto que sí, desde la disciplina y el espíritu de sacrifico. Es lo que hacemos en el cole cada día. Pero es por eso, precisamente, por lo que es justo pararse a mirar más allá de las notas, y poner en alza todo aquello que ha ocurrido durante el proceso y que una nota jamás podrá resumir. Porque todo debe caber en la escuela.
Lo ideal sería que las notas llegasen cuando niños y niñas estén preparados para entenderlas y valorarlas, nunca antes. Porque será entonces cuando luchar por ellas tenga sentido. Hacerlo antes, cuando aún no están preparados, es peligroso. Todo debe ocurrir a su debido momento, así de sencillo.
Niñas y niños que se enfrentan a unas notas cuando es posible que ni siquiera sepan para qué sirven, o de dónde salen. Pero sí que aprenden a obsesionarse con ellas, y, desde el desconocimiento, y desde muy pequeños, al plantearles cualquier trabajo, lo primero que preguntan es si eso va para nota. Es triste que niños pequeños tengan como principal inquietud si lo que va a hacer tendrá o no tendrá nota. Porque dependiendo de ello, lo hará de una u otra manera, con más o menos estrés, con más o menos miedo, con más o menos interés. Y corremos el riesgo de que el gusto por trabajar lo matemos así, desde pequeñitos, metiéndoles las notas entre ceja y ceja.
Las notas, bien entendidas, bien trabajadas y adaptadas a cada edad, pueden ser muy positivas. Incluso les ayuda a ir aprendiendo, poco a poco, a vivir con cierta presión, y trabajar con ella. Aprendizaje que les va preparando para la vida. Pero esa presión, si no tenemos cuidado, si no la regulamos adaptándola a cada edad, puede ser excesiva y peligrosa, porque, además, les llega por vías muy diferentes:
  • Niños y niñas que en casa, si no traen más de un 8, tienen castigo.
  • Niños y niñas que viven entre compañeros y compañeras que, con mucho menos esfuerzo, sacan mejores notas.
  • Niñas y niños que, matándose a trabajar cada día, jamás llegan a tener “buenas notas”.
  • Niños y niñas que constantemente, cuando les preguntan por el cole (familiares, vecinos, amigos…) SOLO les preguntan por las notas: “y las notas qué, ¿han sido buenas”. Cuando son tantas las cosas que hay, además de las notas…
  • Y podríamos seguir, añadid a la lista todo lo que queráis, podemos hacerla interminable.
Menuda presión, ¿verdad? ¿Y de veras creéis que es necesario que niños y niñas pequeños pasen por esto? ¿Podríamos esperar un poco a que estén preparados, a que sean lo suficientemente maduros para entenderlo y asumirlo?
Que sepan vivir y trabajar con presión, por supuesto, pero respetando los tiempos de cada uno, respetando y adaptando a cada edad. Si eso ya lo hacemos, magnífico. Si vemos que, en ese sentido, podemos hacerlo mejor, es el momento de comenzar, nunca es tarde. Si crees que todo esto es absurdo, y no lo compartes, es que puede que yo esté equivocado, claro que sí. Aunque si te sirve de algo, te diré que a esta conclusión no llego de un día para otro, llevo más de veinte años dedicado en cuerpo y alma a la enseñanza, y cada día estoy más convencido de esta necesidad, y de que nuestro sistema de evaluación con los más pequeños debe cambiar.
Pero es que el trabajo que se lleva a cabo en las escuelas es absolutamente admirable, sé que demostráis a diario a vuestro alumnado todo lo que valen, todo lo que son capaces de hacer, que lo valoráis como se merecen en el día a día, en el trato personal con ellos, en el cariño que profesáis a vuestros niños y niñas, que siempre lo hemos hecho, pero que quizá no se vea reflejado en un boletín de notas.
Boletín que puede que solo se quede en eso, en la nota, y si eso ocurre, creo que estaremos perdiendo una gran ocasión de hacer un boletín potente, útil, realmente significativo para alumnado y familias. Es muy importante para niños y niñas saber que sus muchas cualidades sí que se valoran, y que se hace dándoles la importancia que merecen, que es mucha. Quizá haya llegado la hora de cambiar ciertas cosas.
Por eso creo que una evaluación debe llegar, siempre, más allá de las notas.
Siempre por nuestro alumnado.
Si has llegado hasta aquí, gracias, de corazón.
Ramón Rodríguez Galán
@Profe_RamonRG

Autor:

#soyMaestro

11 comentarios sobre “Las notas, otra vez.

  1. Claro que he llegado hasta el final…y más allá!!
    Ojalá algún día podamos decidir nosotros si debemos o no ponerlas, o cambiarlas…
    Gracias x tus palabras.

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  2. Es muy bonito leer esto ( soy una madre de la EGB) pero te diré que haría falta darnos unas “clasesitas” teóricas para poder entender lo bien y lo mucho que trabajáis.
    Cómo maestros entended q una abuela o una vecina pregunte a un niño por su boletín de notas (es lo más fácil)
    Los cambios son estupendos pero entenderlos sin saber es complicao

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  3. Muy de acuerdo con todo lo que has dicho. Hace falta mirar todos los aspectos sobre todo en edades tempranas y en primer y segundo ciclo ya tercer ciclo es otra cosa como bien dices.

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