Más allá de las notas.

Se acerca el final del curso, con él la última evaluación, y para las seños y profes la entrega de notas, momento de dudas, de resumir todo un curso en un boletín, en el que espero que haya más de las “otras notas” 😉
Por otro lado son muchas las familias que deciden premiar las notas de sus hijos con un regalo material: videojuego, equipación deportiva, juguetes, etc. Una práctica muy habitual, pero no por ello exenta de riesgos.
En definitiva, las notas llegan para todos, alumnos, profes y familias. Y para todos es momento de tomar importantes decisiones.

¿Debemos premiar a los niños por las buenas notas?

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Sacar “buenas notas” es un éxito para cualquier niño, y esa sensación de satisfacción por un éxito conseguido es una reacción natural en las personas, algo que viene de serie, y que no precisa de premios externos ni añadidos, porque en ese caso estaríamos cercenando de alguna manera un sentimiento genuino del ser humano.
Alcanzar un éxito supone una sensación de alegría y felicidad, que vienen dadas por la seguridad que otorga al niño saber que ha conseguido superar las dificultades que le han llevado a dicho éxito, todo gracias a su propio esfuerzo. Esa sensación es imposible sustituirla por una recompensa material, porque entonces estamos cometiendo un acto muy peligroso, que es infravalorar su capacidad de superación y sacrificio innata en cualquier persona, haciéndole ver que no es capaz de hacerlo por sí solo, sino que necesita de un aliciente externo para conseguirlo.

Motivación positiva.

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A estas alturas ya es evidente que no creo que sea buena idea premiar las “buenas notas” con un regalo material. Las “buenas notas” se deben aplaudir y elogiar, pero no se deben comprar. Aunque para ello debamos combatir la avalancha de publicidad que los medios de comunicación se encargan de “suministrar” a los niños en canales infantiles, y que les recuerda constantemente que hay muchos juguetes esperando a ser su recompensa por las buenas notas obtenidas.
Si el trabajo del estudiante es estudiar, el de su familia es ofrecerle apoyo constante, reconocer su esfuerzo, festejar sus éxitos y darle la importancia y el mérito que supone conseguirlo. Pero la familia también está para ayudarle a aceptar y asumir sus fracasos, que como cualquier persona, también los tendrá. Y lo más importante, conseguir entre todos que aprenda de ellos, para salir reforzado.
Entonces yo cambiaría el premio material por la celebración, es decir, ante unas “buenas notas”, toda la familia debe ser partícipe de la alegría, y felicitar al niño celebrándolo, si hiciera falta o les apetece hacerlo, con una comida familiar, un día de parque disfrutando de sus juegos favoritos, una salida al cine, etc.
Siempre será mejor este tipo de premio en familia, que cualquier tipo de regalo material y personal. Porque si no consigue sacar “buenas notas” ni con la promesa de un gran premio material, el sentimiento de fracaso será incluso mayor, y la frustración irá peligrosamente en aumento.

Una evaluación que debe ir más allá de las notas.

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Estoy absolutamente convencido, y creo que es más necesario que nunca, que la evaluación debe ir más allá de las propias notas. Un niño, durante un trimestre escolar, realiza un gran esfuerzo, cientos de actividades, miles de acciones relacionadas con su vida escolar que pueden quedar en el olvido, y sobre todo, demuestra a diario habilidades y destrezas que seguro son magníficas, pero no se ven reflejadas en el sistema de notas tradicional, quedando todo este espectacular proceso resumido en una fría (y en ocasiones injusta) nota, que poca información aporta a la familia.
Ojo, debemos poner notas, claro que sí, por un lado porque el sistema así lo exige, no hay más, y por otro porque es muy necesario controlar la evolución académica de un alumno en las diferentes materias que cursa, para poder brindarle el apoyo y los recursos más ajustados a sus necesidades.
Pero también, a la par, debemos valorar esas otras cosas, esas habilidades que quedan en el olvido, y que al verlas reflejadas en un boletín de notas, de manera más oficial, generan en el alumno un sentimiento positivo increíble, refuerzan su autoestima, ganan en confianza, se cargan de energía para afrontar el siguiente reto, el siguiente trimestre, el siguiente curso. Porque sabe que en su boletín de notas no sólo aparecerán las calificaciones numéricas de cada materia, sino que le serán valoradas sus mejores cualidades, tanto académicas como humanas y personales, ahí radica la gran importancia de las “otras notas”.
Es aquí donde entra el fenomenal trabajo que se lleva a cabo en las escuelas en lo referente a inteligencia emocional, son ya muchas en nuestro país las que apuesta en firme por esta opción, en el día a día, en el trato personal con los alumnos, en el cariño que los maestros le profesan a sus alumnos, que se viene haciendo de siempre, pero que quizá no se vean reflejadas en un boletín de notas, y puede que haya llegado la hora de hacerlo. Es muy importante para el alumno saber que esas cualidades sí se valoran, y que se hacen en el mismo documento donde aparecen las notas oficiales, porque les estamos dando, como mínimo, el mismo nivel de importancia.
Por eso creo que una evaluación debe ir más allá de las notas.
Por eso creo en las “otras notas”.
Ramón Rodríguez Galán @Profe_RamonRG

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